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De origen medieval, sus monumentos más notables fueron trasladados, piedra a piedra, a un cerro próximo, debido a que la ciudad original fue cubierta por las aguas del embalse de Belesar.
Desde la Pousada de Portomarín, pueden contemplarse la iglesia de San Juan, con su impresionante aspecto de fortaleza, o los puentes sobre el río Miño, cuando el nivel de las aguas lo permite.
Son famosas sus empanadas de anguila, pero cuando el frío aprieta y el cierzo sopla, se dice que aquí se prepara el mejor aguardiente de Galicia.
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